sábado

‘Digna de tu querido Baudelaire’ dijo.

Cuando mis dedos acarician a su antojo su cabeza y su lomo elástico, y mi mano se embriaga con el placer de palpar su cuerpo eléctrico, veo a mi mujer en espíritu; su mirada, amable bestia, profunda y fría, como un dardo hiende y corta, y de los pies a la cabeza, un aire sutil, un peligroso perfume, flota alrededor de su cuerpo. 

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