sábado

Moler.

No les bastó con las muelas y tuvieron que arrancarme la sonrisa, esta vez sin anestesia de por medio, cuando aún no me había recuperado de lo otro. Dolió como la puta madre. Dolió como debe doler lo más doloroso del mundo, que no me lo podía imaginar de otra forma que no fuera esta. Dolió tanto que se me fueron las ganas de todo, menos de arreglar eso. Cosa que me pasa sólo a mí. A los demás no.
Y alguien hablo de la otra mitad, que por suerte tiene una simpleza tan intensa que apabulla. Un universo colmado de sensaciones, un cariño grande que no disimula, y que abre los ojos desde el corazón (porque esos son los únicos que saben mirar).

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