Delirios de persecución. Siempre ahí están los realistas, los famosos sujetos de las debidas proporciones. Como si hubiera que medir con un metro el diámetro del sol.
He aquí para ellos, cual es su secreto para la felicidad y la virtud: amar lo que hay obligación de hacer. Tal es el fin de todo el acondicionamiento: hacer que cada uno ame el destino social del que no podrá liberarse.
Tú no tienes la culpa mi amor
Que el mundo sea tan feo
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